Sábado noche. Las 21:30. Noj, Miryam, Blanca, Marta y yo nos dirigimos a la ya tradicional Penya de Ferro, dispuestas a pasarlo en grande. Entre risas vamos completando el camino que nos llevará a un descampado apartado del pueblo, donde primero vamos a cenar y luego vamos a ver como algunos de los más atrevidos del pueblo se rebosan de barro, de harina e intentan pasar algunas pruebas un poco bestias. Durante la cena ya empieza la fiesta, es lo que pasa cuando nos reunimos con gente estupenda. A veces me asombra que no nos sienten mal las cenas. Dicen que reír mucho mientras se come no es bueno. Pues que nos lo expliquen a nosotras. Después de cenar vamos a buscar un buen sitio para ver el espectáculo, a poder ser delante de las pruebas más pringosas. Este año la Penya de Ferro dura unos 20 minutos; eso si, 20 minutos de infarto viendo como los participantes resbalan en el barro, transportan cangrejos vivos y otras imágenes que merecen ser recordadas. Terminan las pruebas, entregan los premios a los ganadores y empieza la música. Rumba, Pop, Salsa, Ska, Rock, etc., no importa lo que pongan, lo importante es divertirse y bailar sin parar. Y sin pensarlo dos veces nos acercamos al Dj y le pedimos que dedique una canción a la cumpleañera de la noche, Noj. ¡Felicidades para ella también desde aquí! Y a bailar otra vez, a reír, a sacar fotos, a cantar; en definitiva, a disfrutar de la noche. Esta noche del 23 de Agosto ha sido genial, a pesar de las mil y una picaduras de mosquitos que llevo por todo el cuerpo. Pero bueno, ¡las picaduras no importan! Aquí os dejo algunas fotos. Que conste que no salen en ellas todas y cada una de las personas que han hecho de esta noche una velada estupenda. A todos ellos, ¡Gracias!


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