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Y por fin lo dije. Por fin me digné a sacar todo lo que, una vez expresado en palabras, yo misma afirmé que era ridículo. Pero la verdad es esta: le hecho de menos. Le hecho de menos como cuando de pequeña extrañaba los ratos jugando en el montón de arena de la masía. Como cuando volviendo de tierras gallegas, dentro de poco hará un año, extrañaba todos y cada uno de los espacios que pisé, además de todos los que me ofrecieron tanto amor. Le hecho de menos como cuando miro en una fotografía las olas del Peine de los Vientos y extraño aquella tarde de ya hace muchos años jugando con los cangrejos que volaban arrastrados por la fuerza del agua. Le hecho de menos como las llegadas a Guipúzkoa, donde mi abuela nos recibía con un beso y un fuerte abrazo; quizás era fría, pero a su manera nos decía que nos quería, y nosotros a ella también. Le hecho de menos como cuando extraño los ratos con la pandilla, los cuales, por desgracia, con el paso del tiempo han perdido parte de su sustancia. Le hecho de menos como hecho de menos al propietario de esa sonrisa tan tímida, pero infinitamente adorable, que durante mucho tiempo fue la culpable de algunas de mis locuras; quizás, en parte, aún lo sea. En definitiva, le hecho de menos como a todas las cosas que he querido, quiero y espero seguir queriendo, aunque por desgracia ya nunca volverán.
Y por fin lo dije. Por fin me digné a sacar todo lo que, una vez expresado en palabras, yo misma afirmé que era ridículo. Pero la verdad es esta: le hecho de menos. Le hecho de menos como cuando de pequeña extrañaba los ratos jugando en el montón de arena de la masía. Como cuando volviendo de tierras gallegas, dentro de poco hará un año, extrañaba todos y cada uno de los espacios que pisé, además de todos los que me ofrecieron tanto amor. Le hecho de menos como cuando miro en una fotografía las olas del Peine de los Vientos y extraño aquella tarde de ya hace muchos años jugando con los cangrejos que volaban arrastrados por la fuerza del agua. Le hecho de menos como las llegadas a Guipúzkoa, donde mi abuela nos recibía con un beso y un fuerte abrazo; quizás era fría, pero a su manera nos decía que nos quería, y nosotros a ella también. Le hecho de menos como cuando extraño los ratos con la pandilla, los cuales, por desgracia, con el paso del tiempo han perdido parte de su sustancia. Le hecho de menos como hecho de menos al propietario de esa sonrisa tan tímida, pero infinitamente adorable, que durante mucho tiempo fue la culpable de algunas de mis locuras; quizás, en parte, aún lo sea. En definitiva, le hecho de menos como a todas las cosas que he querido, quiero y espero seguir queriendo, aunque por desgracia ya nunca volverán.
T'envejo per la facilitat que tens d'escriure. No tinc facilitat de paraula.
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