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Ya ha llegado el tiempo que tanto me gusta. Según he oído y he podido ver en las noticias, hoy ha nevado en buena parte del Pirineo navarro y aragonés. Así pues, el frío ya está aquí. Me gusta el tiempo y el paisaje de otoño, y aún más el de invierno. Me gusta ver que la chimenea de casa arde de nuevo, calentando toda la casa de la forma más tradicional que conozco. Me gusta levantarme y ver una leve neblina exterior; ya hace unos dos días que des de casa casi no veo el pueblo. No es la niebla espesa que pronto nos hará compañía casi cada día, pero ya empieza a señalar los días de invierno. Esta noche, sin embargo, no hay niebla. Mientras me preparaba un te rojo, he estado un rato observando el pueblo desde la ventana de la cocina, y lo he divisado perfectamente. Claro como en las noches de verano. De todas formas, ahora ya hemos llegado al tiempo en el que las palabras que más se repiten en casa son: Ponte una chaqueta. Siempre ha sido así. Pero que le vamos a hacer, sé que no es del todo normal, pero aún me gusta ir sin chaqueta y con las mangas arremangadas. Recuerdo que cuando iba a Primaria, tenía a todos los profesores horrorizados; recuerdo uno en especial, que muchos días antes de salir al patio me esperaba en la puerta de salida con mi chaqueta en la mano, hasta que no me la ponía no me dejaba salir. Bueno, era una buena técnica. Cuando no me veía me la volvía a quitar, pero, tssssssss, es un secreto. Durante estos últimos días, en los que las mañanas son frías, me gusta recorrer el trayecto hasta la universidad ignorando por completo la existencia de chaquetas. Me gusta inspirar y espirar, observando como de mi boca sale un vaho que me demuestra que sí, que fuera en la calle empieza a hacer fresco. Pero en el fondo eso ya lo se, lo que pasa es que quiero disfrutar de esas mañanas en las que el frío todavía se comporta; ya llegará el día en el que mis manos pedirán a gritos unos guantes bien calentitos.
Ya ha llegado el tiempo que tanto me gusta. Según he oído y he podido ver en las noticias, hoy ha nevado en buena parte del Pirineo navarro y aragonés. Así pues, el frío ya está aquí. Me gusta el tiempo y el paisaje de otoño, y aún más el de invierno. Me gusta ver que la chimenea de casa arde de nuevo, calentando toda la casa de la forma más tradicional que conozco. Me gusta levantarme y ver una leve neblina exterior; ya hace unos dos días que des de casa casi no veo el pueblo. No es la niebla espesa que pronto nos hará compañía casi cada día, pero ya empieza a señalar los días de invierno. Esta noche, sin embargo, no hay niebla. Mientras me preparaba un te rojo, he estado un rato observando el pueblo desde la ventana de la cocina, y lo he divisado perfectamente. Claro como en las noches de verano. De todas formas, ahora ya hemos llegado al tiempo en el que las palabras que más se repiten en casa son: Ponte una chaqueta. Siempre ha sido así. Pero que le vamos a hacer, sé que no es del todo normal, pero aún me gusta ir sin chaqueta y con las mangas arremangadas. Recuerdo que cuando iba a Primaria, tenía a todos los profesores horrorizados; recuerdo uno en especial, que muchos días antes de salir al patio me esperaba en la puerta de salida con mi chaqueta en la mano, hasta que no me la ponía no me dejaba salir. Bueno, era una buena técnica. Cuando no me veía me la volvía a quitar, pero, tssssssss, es un secreto. Durante estos últimos días, en los que las mañanas son frías, me gusta recorrer el trayecto hasta la universidad ignorando por completo la existencia de chaquetas. Me gusta inspirar y espirar, observando como de mi boca sale un vaho que me demuestra que sí, que fuera en la calle empieza a hacer fresco. Pero en el fondo eso ya lo se, lo que pasa es que quiero disfrutar de esas mañanas en las que el frío todavía se comporta; ya llegará el día en el que mis manos pedirán a gritos unos guantes bien calentitos.
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